Imprimir o no imprimir

Como bien dice el dicho, zapatero a sus zapatos.

En algún momento de mi carrera como freelance decidí ofrecer el servicio de impresión para complementar mi trabajo como diseñador. La idea era simple, me contratan para diseñar un volante, después de tener listo el diseño el siguiente paso obvio era imprimirlo.

Sin capital para invertir en una imprenta offset o algo parecido el camino lógico era subcontratar los servicios, buscar una imprenta que hiciera el trabajo de reproducción y yo cobraba un precio extra por supervisar el trabajo, suponiendo que ningún cliente con la situación económica tan apretada hubiera estado dispuesto a pagarme …

Inmediatamente comencé a ofrecer mi nuevo servicio, al poco tiempo ya tenía mi primer encargo para imprimir: la impresión de un díptico para uno de mis mejores clientes. Acordé un precio con el dueño de la imprenta y le mandé la propuesta a mi cliente agregando una cantidad que consideré justa por mi tiempo.

Al cabo de una semana me entregaron el material impreso e hice la entrega a mi cliente. Había encontrado la forma perfecta de aumentar mis ingresos! Todo era perfecto…

Hasta una hora después cuando recibí una llamada de mi cliente, ya habían revisado los dípticos, no les agradó la calidad de la impresión y no estaba dispuesto a aceptar el trabajo ni a pagar el saldo hasta que no se les entregaran unos de mejor calidad. Aclaro que no era un error en la impresión, simplemente ellos esperaban una mejor calidad por el precio que pagaron.

Conferencista Internacional y Consultor de Marketing Digital.
Host del Podcast Estrategia Digital, donde entrevisto a expertos en Marketing Digital.